En nuestro segundo día en Nueva Zelanda, amanecimos temprano en nuestra casita de Rotorua y después de desayunar nos fuimos al parque geotermal de Rotorua, a Wai-o-Tapu. Desde Rotorua hay unos 30 minutos en coche y ya por el camino vas oliendo el característico olor a “huevo”, provocado por el azufre, y viendo las fumarolas que hay por el camino. Ya aquí se observa la actividad volcánica de la zona y es que la región está cubierta por cráteres derrumbados, piscinas de agua y lodo o frío hirviente y fumarolas de vapor. El parque abre a las 8.30 horas y cierra a las 17, siendo la última admisión a las 15.45 horas. Todos los días a las 10.15  horas hacen una especie de “especáculo” del geiser Lady Knox Geyser. Decimos espectáculo porque aparece un maorí con un micrófono y, tras contar una historieta del geiser, le echa una especie de jabón para que erupcione. Tras unos minutos, el geiser erupciona entre 10 y 20 metros de altura como si fuera una fuente. Vamos, muy poco natural todo. En nuestra opinión y después de haber vivido la experiencia de ver un geiser de verdad en Islandia, esto no nos pareció nada asombroso. No era un fenómeno natural, sino que era más una turistada que otra cosa.

Después de ver el geiser, empezamos nuestra visita por Wai-o-Tapu. Hay 3 rutas para hacer. Una corta que dura 30 minutos más o menos, una media que dura una horita y la larga y en la que ves todo el parque que es una hora y media de visita más o menos. La entrada cuesta 32,5 dólares, unos 18 euros, y con la entrada te dan un mapa donde aparecen marcadas las 3 rutas, que son circulares, y los puntos a visitar, además de una hoja donde está explicado cada punto en español, así que genial.

Nosotros hicimos la ruta larga y hay 25 puntos marcados para ver. Es alucinante la mezcla de colores que llegas a ver dentro de este parque debido a la mezcla de los diferentes elementos químicos. En la hoja que te dan con la entrada te explican a qué se debe cada color. El amarillo, por el azufre, el rojo, por el óxido de hierro, el naranja, por el antimonio, el negro, por el azufre y el carbón, el blanco, por la sílice, el morado, por el magensio y el verde, por el arsénico. Es curioso porque cada vez que veíamos un color mirábamos la leyenda para ver qué era exactamente. Como si lo entendiéramos.

El parque está lleno de cráteres, algunos de hasta 50 metros de diámetro y 20 de profundidad. Muchos contienen manantiales de agua hirviente y la mayoría contienen depósitos extensivos de azufre, formados por escapes de vapor. Hay también fumarolas, terrazas de cuarzo y y lo más asombroso y característico de Rotorua: la piscina de champagne. Una piscina  de 65 metros de diámetro, 62 de profundidad y una temperatura de 74 grados centígrados, alucinante! Sus colores son anaranjados y azulados por el oxido de hierro, aunque debido a la temperatura del agua emana vapor y es difícil ver la piscina en su totalidad. Lo que se ve es la orilla y si estás en silencio puedes llegar a escuchar las burbujitas (producidas por el dioxido de carbón), que por ellas recibe el nombre de “piscina de champagne”. Esta piscina se formó hace 700 años por una erupción hidrotérmica. Algunos de los minerales contenidos en el agua son: oro, plata, mercurio, azufre, arsénico, talio, antimonio, entre otros. La verdad que este lugar es una pasada. Nos encantó. Cuando ya íbamos a salir, pensando que lo habíamos visto todo, apareció el “baño del Diablo”, un gran cráter con un borde escabroso junto a la línea de la selva. Tiene un  color verde fuerte provocado por el arsénico. Con esto también alucinamos porque encima pensábamos que no quedaba nada más por ver.

 

Lo último que visitamos y que está dentro del parque pero un poco alejado del resto (hay que ir en coche) fueron las “mud pools”, unas piscinas de barro burbujeante. Nos gustó más ver estas piscinas que el geiser, porque aquí sí que ves como a veces las burbujas escupían a bastante altura de una manera natural. No os olvidéis de visitar este punto, que como no está dentro del recorrido hay gente que se lo salta. Lo bueno es que cuando estás saliendo del parque está indicado.

Cuando terminamos la visita, que nos costó más de dos horas (con una hora y media deberíais poder verlo, pero a veces el tema de las fotos se nos va de las manos.jaja), nos entró hambre y nos apetecía probar comida maorí (hangi). Es curioso que no encontramos ningún restaurante para poder degustar este tipo de comida, sino que hay que reservar tours con espectáculo maorí para poder probarlo. La verdad es que nos lo plantemos pero finalmente decidimos no hacer el tour (por si os interesa, vimos uno en la aldea Tamaki y otro en la aldea termal Whakarewarewa, Te Puia, y empezában a las 18.15 horas y los precios rondaban los 110 dólares). Habíamos leído opiniones y también nos parecía una turistada. Así que, descartado, buscamos en tripadvisor un sitio en Rotorua para comer y luego poner rumbo a las Huka Falls. Comimos en una especie de panadería que se llamaba Ciabatta Bakery y la verdad es que estaba todo muy bueno.

En Rotorua hay una reserva natural que se llama Waimangu Volcanic Valley y que también es zona geotermal donde hay cráteres, fumarolas, un lago (piscina esmeralda). Nosotros nos acercamos hasta el centro de visitantes pero finalmente no entramos porque se nos hacía tarde para llegar al siguiente punto. La verdad es que tenía buena pinta y de haber ido con más tiempo habríamos entrado.

La noche anterior habíamos estado leyendo sobre un río con agua termal, Kerosene Creek, y allí que nos fuimos.  Para llegar atraviesas un camino de piedras y luego una vez aparcas el coche tienes que bajar como por un bosque. La idea era bañarse, pero hacía bastante frío y es un río natural, no hay vestuarios ni nada. Si vas en primavera, verano debe ser genial, pero en pleno invierno, dentro del agua bien, pero una vez sales…además ya conocíamos la sensación de bañarse en un sitio así. Si vais, acordaros de llevar zapatos de río.

De aquí ya si que nos fuimos a la Huka Falls. Poco que decir de este sitio. Hay que verlo. Ni las fotos ni los vídeos le han justicia. Es increíble ver cómo baja el agua… nunca heabíamos visto nada igual. Aquí te das cuenta de la fuerza que puede llegar a tener la naturaleza. La cascada tiene una potencia enorme producida por los 220.000 litros por segundo que se precipitan en un salto de 8 metros. Para visitarlas podéis aparcar en el parking e ir directamente a los miradores que hay. También hay un pequeño trekking por la zona.

Esta noche dormíamos en una guesthouse que habíamos reservado por Booking y que estaba como en la parte Sur del Lago Taupo. Se llamaba Tony’s Lodge y la verdad es que os lo recomendamos porque está cerquita del lago Taupo, del pueblo Turangi y del punto al que íbamos a ir al día siguiente: Tongariro Alpine Crossing. Para llegar a la guesthouse tuvimos que bordear el lago y la verdad que fue muy bonito porque estaba atardeciendo e íbamos parando. Incluso vimos a unos señores pescando dentro del lago, y nos pareció una estampa preciosa.