Reikiavik es una ciudad bastante pequeña que con un día es más que suficiente para visitar. Incluso os diríamos que en medio día se puede visitar. Desayunamos en la casa en la que nos hospedábamos, en la calle principal de Reikiavik, Laugavegur Street. Primero visitamos el edificio de Harpa, el centro de conciertos y conferencias de Islandia y al lado se encuentra el Sólfarið (una escultura que se traduce por “viajero del sol” y que es una oda al sol). Luego callejeamos hasta el puerto y visitamos la famosa Iglesia de Hallgrimskirkja, también estuvimos en el Ayuntamiento donde hay un lago que en invierno se congela y la gente patina sobre hielo y andamos por la calle Laugavegur que es donde se encontraba el sitio donde nos hospedábamos. Como decimos, Reikiavik no tiene mucho que ver, así que lo mejor es que únicamente os reservéis medio día, uno a lo sumo.

 

Donde si que fuimos y no nos podíamos perder fue a comernos el que supuestamente es el perrito caliente más bueno de la ciudad, que es un puesto callejero cerca del puerto donde siempre hay cola. Su ubicación está en número 1 de la calle Tryggvagata y se llama Bæjarins Beztu Pylsur. El precio del perrito ronda los 2,5€ y la verdad es que están muy buenos. Es una buena opción para comer algo rápido y continuar visitando la ciudad.

Por la noche, cogimos el coche y nos fuimos a una hora y media de Reikiavik para poder disfrutar de la que pensábamos sería nuestra última aurora boreal, lo que no sabíamos era la sorpresa que nos aguardaba para el día siguiente en el aeropuerto.

Habíamos visto en el mapa de auroras que Reikiavik iba a estar nublando, así que nos dirigimos hacia el norte para poder verlas y este fue el resultado. Una aurora boreal increíble.