Sin ninguna duda, lo mejor del viaje fue visitar la Isla de Hvar. Nos despertamos en Dubrovnik y después de que viniera a recogernos el casero del apartamento para que recogiéramos nuestro coche, pusimos rumbo a Hvar, una de las islas más bonitas de Croacia (se dice que es la Ibiza croata).

Para llegar a Hvar, cogimos un ferry desde Drvenik donde podíamos subir el coche. El ferry sale más o menos cada hora y media y es bastante económico. Unos 3€ por persona y unos 25€ el coche. Llegamos a Sucuraj, en la Isla de Hvar, y nos dirigimos al hotel. Nos hospedamos en el hotel Sirena. Nuestra experiencia no fue nada buena, así que después de pasar una noche casi sin dormir, decidimos cancelar la reserva para la noche siguiente (en Hvar íbamos a estar 3 días) y buscar otra opción.

En Croacia en general disfrutamos de muchas puestas de sol pero en Hvar son especialmente preciosos.

Casualmente coincidimos con el hermano de Lourdes en Hvar y él se hospedaba con unos amigos en un “sobe” en Stari Grad, por lo que muy amablemente nos cedieron una habitación para que durmiéramos allí.

Como contábamos, Hvar fue lo mejor del viaje. Con el hermano de Lourdes allí y dos amigos y con el carnet de Patrón de Navegación Básica, alquilamos un barco para pasar el día en las islas Paklenli. Fue una experiencia increíble poder ir “a tu aire” por todas aquellas islas con playas de agua transparente.  Pudimos hacer snorkel por donde nos viniera en gana. Sabemos que no todo el mundo puede disfrutar de una experiencia así, pero lo que sí que aconsejamos es intentar coger alguna excursión o algún barco que os deje en las Pakleni y poder pasar el día en sus playas.

Después de pasar todo el día en el mar, volvimos a tierra y nos fuimos a Stari Grad, donde íbamos a dormir.