El tercer día visitamos la ciudad de Zadar. La verdad es que la ciudad no tiene mucho encanto. Dimos un pequeño paseo por el centro histórico, nos comimos un helado, vimos el órgano cerca del mar y luego nos fuimos hacia la playa de Makarska antes de llegar a nuestro siguiente destino: Dubrovnik.

 

La playa de Makarska está a medio camino entre Zadar y Dubrovnik y, aparte de ser una playa muy bonita, es un lugar estratégico para hacer esta parada. Nosotros nos dimos un baño, comimos en un restaurante y luego nos fuimos hacia Dubrovnik.

Para llegar a Dubrovnik hay que pasar la frontera con Bosnia, por lo que os aconsejamos que llevéis el Pasaporte aunque nosotros únicamente enseñamos en DNI, pero por si acaso, cogedlo.

Llegamos a Dubrovnik por la noche. Allí íbamos a visitar el centro histórico, que está rodeado por una gran muralla y alberga 16 torres desde las cuales las vistas son impresionantes. Además,  es lugar protegido de la UNESCO, cerrado al tráfico y con todas sus calles son peatonales. Para acceder tienes que bajar bastantes escaleras y cargados con las maletas fue todo un espectáculo, por lo que aconsejamos que no llevéis maletas muy grandes ni pesadas. La verdad es que Dubrovnik tiene un encanto especial, por lo que seguramente fue la ciudad que más nos gustó de Croacia.

Reservamos un apartamentos dentro del centro histórico de la ciudad. Se llamaba Nivic Apartments. Muy recomendable. Sus dueños se portaron estupendamente con nosotros. En Dubrovnik es muy difícil, por no decir imposible, aparcar, así que los propietarios de los apartamentos nos ofrecieron dejar el coche en su propia casa que estaba fuera de la muralla, ya que en Dubrovnik no lo íbamos a utilizar. Nos acompañaron hasta su casa, dejamos el coche y nos volvieron a llevar al centro.

Cenamos en un restaurante con mucho encanto, como muchos de los que hay dentro de la muralla, y nos fuimos a dormir porque queríamos exprimir al máximo el día siguiente en esta ciudad espectacular y escenario de Juego de Tronos.