Habíamos estado leyendo sobre un avión abandonado en una playa de arena negra en el sur de Islandia, pero no sabíamos donde estaba exactamente, así que la noche de antes miramos cómo llegar y aunque teníamos que volver un poco atrás, así lo hicimos.

La playa donde se encuentra este avión es la de Sólheimasandur y es una playa de arena volcánica que se encuentra en el camino de Skógafoss a Vik. Cuando pasamos el día anterior vimos muchos coches aparcados pero como no está señalizado no sabíamos que era eso. Al día siguiente buscamos la localización exacta y allí que nos fuimos. Una vez aparcas el coche aun tienes que andar una hora hasta donde está el avión, prácticamente en la orilla de la playa. La verdad es que el camino se hace un poco pesado porque es como andar por el desierto, no ves nada hacia ningún lado hasta que llegas al avión. Nos contaron que antes se podía acceder hasta el avión con el coche pero ahora tienes que aparcar en la carretera nº 1 e ir andando.

La historia del avión se remonta al año 1973, cuando un avión militar que pertenecía a las fuerzas aéreas norteamericanas destacadas en Islandia en plena Guerra Fría tuvo que realizar un aterrizaje forzoso, y lo realizó en este playa. Lo bueno de esta historia es que no se tuvo que lamentar ninguna pérdida humana.

Entre ir y volver al avión se tarda unas dos horas. Una vez llegas allí la foto es increíble. Una playa desierta con un avión en medio de la nada. Es digno de fotografiar.

Después de esta parada, nos fuimos hacia otra de las playas más conocidas de Islandia, Reynisfjara, una playa donde hay unas formaciones de columnas de basalto de unos 70 metros de altura que parecen un órgano. Esa formación rocosa de columnas de basalto forman una cueva que no deja indiferente a quien la visita. En esta parte hay que ir con mucho cuidado porque el mar suele estar muy bravo y llega hasta donde las columnas. Una de las españolas con las que íbamos terminó mojadísima, y eso es lo mejor que te puede pasar. Antes de ir leímos que hay gente que es arrastrada por el agua, así que ir con mucho cuidado.

Desde ese punto también se puede ver los trolles, o formaciones rocosas que salen desde el agua y que también vimos el día anterior, así como el arco de la playa Dyrhólaey. La verdad es que desde aquí se ven de más cerca y desde una perspectiva muy bonita.

Estuvimos haciendo fotos y pusimos rumbo al Parque Nacional de Skatafell. Queríamos hacer el tour de caminar con crampones por el glaciar y preguntamos allí, pero como ya os hemos contado, por horarios y por otras circustancias como el precio, decidimos no hacerlo. Teníamos que volver al día siguiente, deshacer casi 2 horas de camino y pagar más de 100 euros por andar menos de una hora por el glaciar. Si nos hubiera acoplado por horario probablemente lo habríamos hecho. Uno de los sitios donde lo vimos fue en Mountain Guides. En el mismo parking de Skatafell hay unas casetas donde se puede reservar. Nosotros os aconsejemos que lo cojáis con algún día de antelación.

En el parque nacional de Skatafell se puede hacer varias cosas, es el segundo parque nacional más grande de Islandia detrás de Thingvellir y se encuentra a los pies del glaciar Vatnajokull. El lugar más visitado del parque es la cascada Svartifoss, una pequeña cascada que cae entre columnas de basalto con forma hexagonal, también se le conoce como la cascada negra. El camino hasta la cascada es de una media hora por un camino que suele estar lleno de barro y es resbaladizo en su tramo final. Aunque está calificado como “fácil”, la verdad es que no lo es tanto.  Como decimos, hay tramos algo complicados. Al menos cuando fuimos nosotros, como había nieve, tuvimos que ir con mucho cuidado. La cascada es una pasada. Las columnas son enormes y ver caer el agua en ese lugar es asombroso.

Después de visitar la cascada nos fuimos hacia una de las lenguas del glaciar más grande de Islandia, Vatnajökull. Es IMPRESIONANTE. A pesar de que no pudimos andar por encima, estuvimos andando por un lateral de la lengua y nos sentamos en una roca para disfrutar de las vistas y de su sonido. Si, el glaciar tiene movimiento y si estás en completo silencio puedes escuchar como ruge. Da mucha impresión. Es una experiencia única. La verdad es que en Islandia cada día vives experiencias únicas y que raramente puedes vivir en otros países.

Y después del glaciar, nos fuimos al lago Jökulsárlón. Es difícil decantarse por un lugar de los que visitas en Isandia, pero nos atrevemos a decir que es uno de los sitios que más nos gustó. Es el mayor y más conocido lago glaciar del país. Está situado entre el glaciar Vatnajökull, entre el Skatafell y la ciudad de Höfn.  Su aparición se remonta entre  los años 1934-1935 y en 1975 pasó de 7,9 km² a 18 km², debido a la acelerada fusión de los glaciares islandeses. Es un lago que se encuentra lleno de Icebergs que se desprenden de la lengua del glaciar Breiðamerkurjökull. Nos gustó tanto que nos quedamos hasta el atardecer y volvimos al día siguiente para verlo por la mañana. No sabríamos decir cuando es más bonito. Al atardecer tenía unos tonos rojizos preciosos y al día siguiente el día nos salió soleado, con un cielo azul intenso y el blanco brillaba una barbaridad. Una auténtica pasada.

Esa noche dormimos en una guesthouse cerca de Höfn, a menos de una hora del lago. Así que nos fuimos directamente hacia Guesthouse Nypugardar. Nos encantó el sitio. Cenamos allí mismo una sopa de tomate y un sandwich y mientras estábamos cenando apareció. Alguien entró al comedor gritando “northen lights”, y salimos corriendo. Allí estaba, nuestra primera aurora boreal. Hacía frío y viento, pero el día estaba despejadísimo, así que la pudimos ver muy bien. La mayoría de guesthouse que cogimos estaban a las afueras y apartados de las ciudades y os hicimos ya con la idea de poder ver las auroras boreales sin tener que desplazarnos. En la misma puerta del guesthouse. Os lo aconsejamos. Para poder ver las auroras tiene que estar todo muy oscuro, así que si podéis coger hoteles alejados de ciudades mejor. Este concretamente se encontraba a unos 20 minutos de Höfn. Es difícil explicar con palabras lo que se siente al ver una aurora boreal. Hay que vivirlo. Es algo único. 

Fue un día muy intenso,muy bonito y único, lleno de experiencias, y lo terminamos con nuestra primera aurora boreal, la primera de muchas que pudimos disfrutar. Tuvimos muchísima suerte en este aspecto.