Amanecimos temprano y durante el desayuno conocimos a tres chicas españolas, Marina, Bea y Patricia que viajaban juntas e iban a hacer una ruta similar a la nuestra, así que decidimos pasar el día juntos. El desayuno en Guesthouse Bitra fue super completo y riquísimo, lo que nos dio energía para toda la mañana.

Queríamos visitar el volcán Hekla porque habíamos leído que era el más activo de Islandia. Al comienzo de su erupción en el año 1947 la columna de fuego y cenizas ascendió a 30.000 metros, luego hubo nuevas erupciones en mayo de 1970, agosto de 1980, abril de 1981, enero de 1991 y febrero de 2000.

Llevábamos leyendo mucho tiempo sobre Islandia y nos habían advertido que comprobáramos cada día el estado de las carreteras, pero este día pecamos de valientes al ver que nos estaba haciendo un tiempazo increíble así que salimos de casa sin mirarlo y…error! La carretera para llegar al volcán estaba nevadísima y llegamos a un punto en el que estaba cortado al acceso, así que dimos la vuelta. Vimos el volcán desde lejos y la verdad es que debe ser increíble visitarlo. Su forma es de estratovolcán alargado con forma de un bote invertido, no tiene un único cráter, y erupciona a través de una fisura que transcurre a lo largo de su cresta.

Nos dirigimos pues al siguiente punto que queríamos visitar, la cascada Seljalandsfos. Desde la carretera uno la veréis, así que no tiene pérdida. Es una cascada que tiene una caída de 60 metros y puedes pasar por detrás, así que coger impermeables. Nosotros no llevamos y tuvimos que pasar muy rápido. Aunque no nos mojamos mucho, no es muy agradable mojarse en Islandia en el mes de marzo. Es una experiencia muy bonita pasar por detrás de una cascada y contemplar desde ahí el impacto del agua con el suelo.

Luego visitamos la siguiente cascada, Skógafoss, una de las más famosas de Islandia, también en la carretera uno y sin pérdida. Es una de las más grandes del país (y eso que hay muchísimas), cuenta con 25 metros de ancho y 60 de largo. Debido a la cantidad de espuma que produce constantemente la cascada, si el día está soleado podréis ver el arco iris. A la parte derecha de la cascada hay unas escaleras que suben y se puede contemplar el nacimiento de la misma. Las vistas desde aquí son preciosas. Merece la pena subir y quedarse un rato arriba divisando el paisaje. En la zona de Skógafoss hay un camping que seguro que será muy agradable para las noches de verano. cerca también hay muchos hoteles y casas en las que quedarse, pero mejor si reserváis con tiempo porque se suele llenar mucho. Antes de irnos de Skógafoss comimos en el fish and chips que hay a la salida y que nos comentaron que era muy famoso en tripadvisor. No estuvo mal pero nos pareció un poco caro. 15 euros un fish and chips y 7 euros una coca cola. En la linea de los precios de Islandia.

Después de comer, fuimos a un pequeño glaciar, Mýrdalsjökull, que nos había aconsejado un español que estaba de Erasmus en Reikiavik y que habíamos conocido en Skógafoss. La verdad es que mereció la pena porque pudimos acercarnos bastante a la lengua de glaciar y verlo muy bien. Queríamos haber hecho una excursión de andar por un glaciar com crampones pero por tiempo no nos fue posible, así que aquí al menos pudimos no andar, pero si estar muy muy cerca de ello.

Para terminar el día, fuimos a visitar Dyrhólaey, que es un mirador donde hay un faro y las vistas son estupendas. Hay una formación rocosa, de unos 120 metros de longitud, y que tiene un  arco bajo creado por la erosión marina de forma natural. Es digno de fotografiar y es una de las postales más bonitas del país.

En Vik dormirmos en un hotel que no aconsejamos en absoluto, Puffin Hotel Vik. Nos pareció carísimo, viejo, olía a humedad y la ubicación tampoco es que fuera excelente. Estaba en el pueblo y cerca de Vikurfjara, los churros o trolls que salen del agua. Cenamos en un restaurante que había debajo del hotel y salimos a ver si encontrábamos alguna aurora boreal. Estuvimos un rato buscándola y vimos algo en el cielo, como un destello pero que no sabíamos si sería eso o no. Había algunas luces, con lo que no estaba oscuro del todo y como nunca habíamos visto ninguna no supimos si sería o no. Nos fuimos a dormir y decidimos probar suerte al día siguiente.