En nuestra opinión Shanghai es lo que menos nos impactó de todo lo que vimos en China, por lo que creemos que dos días enteros son más que suficientes para visitar esta ciudad. Puede ser que tengamos esa sensación porque fue lo último que visitamos y, después de ver las maravillas de China y habernos quedado con ganas de Yangsguo, Shanghai nos pareció una ciudad muy cosmopolita y una gran ciudad con rascacielos al estilo de Nueva York que no parece que estés en China. Tal vez si hubiéramos hecho el viaje al revés y Shanghai hubiera sido nuestro primer destino, hubiéramos vuelto con una impresión diferente de esta ciudad.

El primer día fue un poco toma de contacto con la ciudad. Paseamos por Nanjing Road que es una calle peatonal comercial y con mucho mucho ambiente. La calle desemboca en una plaza que se llama People’s Square y de ahí fuimos andando hasta la Concesión francesa, un barrio muy moderno y en el que no da la sensación de encontrarse en una ciudad asiática. El barrio está repleto de casas bajitas y calles con arboladas y lleno de restaurantes y locales de ocio. Esta zona de Shanghai fue gobernada por los franceses durante casi 100 años, de 1849 a 1946 después de haberla ocupado tras ganar  la II Guerra del Opio.

Comimos en un puestecito de la calle y nos fuimos a pasear por el Bund. El Bund es el malecón de Shanghai a orillas del río Huangpu. Desde aquí se tienen unas vistas fantástica de Pudong, la zona de rascacielos de Shanghai y que es la típica imagen de la ciudad.

Tras pasear por el Bund, subimos a la terraza de un hotel con vistas a Pudong para poder ver como se encendían las luces de la Pearl Tower, que era la torre de la televisión. Todos los días la encienden a la misma hora, sobre las 19 de la tarde y la van iluminando con distintos colores creando un bonito espectáculo.

Hay varias terrazas a las que subir en el Bund para disfrutar de las vistas y luces de Pudong tomando una cerveza. El precio de las cervezas o copas de vino en estos sitios no es nada económico, uno 15 euros más o menos. Pero hay que pensar que subir a algún edificio para tener estas vistas ya te puede costar eso y aquí, por lo menos, te tomas una cerveza.