Llegamos al aeropuerto de Liberia el 30 de julio de 2016 sobre las 23.30 horas, después de 24 horas viajando. Habíamos reservado un hotel cerca del aeropuerto por las horas que eran, para intentar descansar el máximo y al día siguiente ya recoger el coche de alquiler y empezar con la ruta. Alquilamos un 4×4, super imprescindible para viajar por Costa Rica, ya que la mayoría de carreteras, como hemos comentado antes, están sin asfaltar y con muchos baches.

El hotel en el que dormimos fue  Hotel Rincón del Llano y para pasar una noche así cerca del aeropuerto es un hotel que calidad-precio está muy bien.

Al día siguiente, nos despertamos a las 7.30 horas y nos vinieron a recoger los de la compañía de alquiler del coche (Thrifty) para llevarnos a las Oficinas. Nosotros pensábamos coger un taxi, pero el recepcionista del hotel llamó a la empresa y muy amables nos vinieron a recoger, así que fue genial y más rápido. Una vez allí nos entregaron el coche y pusimos rumbo a nuestro primer destino que era el Parque Nacional Volcán Tenorio. Desde Liberia hay unas 2 horas  más o menos y las carreteras no son muy buenas, por lo que llegamos sobre las 11 y estuvimos visitando el Parque hasta las 14 más o menos. La entrada cuesta 12 dólares por persona.

Es un Parque precioso en el que vas andando por la selva hasta que llegas primero a la famosa cascada Río Celeste, que recibe su nombre por su particular color, resultado de un efecto óptico por el reflejo de la luz solar debido a la alta concentración de silicatos de aluminio que poseen sus aguas. Una leyenda local narra que las aguas del río Celeste tienen ese color porque, cuando Dios terminó de pintar el cielo, lavó los pinceles en el agua de este río.

Después de visitar la cascada, en la que hay que bajar bastantes escalones hasta llegar abajo (150 metros), deshaces el camino y sigues por una senda que está indicada hasta un mirador donde, con suerte si el día no está nublado, se ve el volcán Tenorio.

El tercer punto de visita es la Laguna Azul, que también recibe ese nombre por el color de su agua, un azul así turquesa. Y el último punto son los borbollones, donde hay agua termal por la actividad del volcán y se puede llegar a ver el agua como si estuviera hirviendo, de ahí su nombre y olía a azufre, lo que nos recordaba mucho a Islandia.

Aquí tuvo lugar nuestro primer contacto con la fauna del país. Vimos muchísimos monos y les pudimos hacer fotos. Parecía que nos estaban haciendo un espectáculo y posaban para nosotros. También vimos alguna araña. La verdad que para ser el primer contacto con el país, no estuvo mal la cosa. Fue un día genial. Es imprescindible acudir al Parque con el calzado y la ropa adecuada, ya que, el camino hay veces que está embarrado y es mejor ir preparados. Nosotros llevábamos zapatillas tipo treking y pantalones largos tipo safari. Creemos que son dos prendas importantes para visitar este país, ya que, se visitan muchos Parques Nacionales y es mejor ir con pantalón largo finito y con zapatillas, por lo que pueda pasar.

Después de visitar el Parque pusimos rumbo a nuestro siguiente hotel, ubicado dentro del Parque Nacional Volcán Arenal y de camino paramos a comer en una Soda. Soda es como llaman ellos a los bares y donde hacen el típico plato Costaricente, el casado, el cual probamos y nos encantó.

Continuamos nuestro camino hacia el Parque Nacional Volcán Arenal y tardamos unas dos horas y media en llegar. Sobre las 18.00 horas estábamos allí. Nos hospedamos en el hotel Arenal Observatory Lodge & Spa, y aunque se pasaba de presupuesto, el hotel es una pasada. Estás comiendo con vistas al volcán y a la Laguna Arenal. Cenamos en el mismo hotel y probamos el ceviche de corvina, un plato muy típico de la zona y muy bueno.