Llegamos a Beijing el día 23 de agosto a las 5.00 am. Cogimos el tren “airport express” (25 RMB), y bajamos en la segunda y última parada (el airport express solo tiene dos paradas). Una vez salimos del tren decidimos coger un taxi para llegar al hotel y cual fue nuestra sorpresa cuando ningún taxi quiso llevarnos, por lo que tuvimos que ir andando con las maletas unos 2 km hasta llegar al hotel. Esto fue algo que nos sorprendió mucho porque no nos esperábamos que los taxistas se negaran a coger a turistas extranjeros. Por lo visto han tenido problemas ya que, al no hablar nada de inglés, no pueden comunicarse con la gente y, como parece ser que tienen un sueldo fijo y no cobran por servicio, prefieren evitarse problemas.

Al final llegamos al hotel a las 9.00 am. Las primeras impresiones de la zona del hotel y de la ciudad en general no fueron muy buenas, cosa que cambiaría a lo largo del día. El hotel en el que estuvimos fue el Beijing Traditional Hotel, en el Hutong de Dongcheng.

Una vez hicimos el chek-in decidimos empezar nuestra visita a la ciudad. Para el primer día teníamos previsto visitar Ciudad Prohibida y sus alrededores, por lo que pusimos rumbo a la misma, encontrándonos por el camino un desfile militar que nos hizo cambiar de planes puesto que ya llegábamos demasiado tarde a Ciudad Prohibida y preferimos déjalo para el día siguiente, sustituyéndolo por el Palacio de Verano. Cogimos pues un taxi (esta vez si) que nos llevó al Palacio y estuvimos visitándolo hasta las 17 de la tarde. Allí conocimos a unos españoles que nos informaron de que Ciudad Prohibida iba a estar cerrada con motivo de la celebración del 70 aniversario de la Segunda Guerra Mundial, así que no íbamos a poder visitarla en nuestro viaje.

El Palacio de Verano era la residencia estival del emperador y su familia. Se construyó en el año 1750 y desde el año 1860 es Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Hoy en día es un parque de 300 hectáreas que contiene hasta un lago. Una de las construcciones más emblemáticas del parque es el Gran Corredor, un pasillo de más de 750 metros de longitud que discurre a orillas del lago. Otra de las construcciones interesantes del parque es el Barco de Mármol, barco que era utilizado por la emperatriz Cixi para celebrar fiestas.

A pesar de que estaba lleno de turistas, especialmente locales, debido a que Ciudad Prohibida estaba cerrada y que era domingo, nos encantó visitarlo y empezamos a respirar un poco más la cultura china. 

Tras visitar el Palacio cogimos el metro y nos dirigimos hacia las Torres del Tambor y la Campana, puesto que nos quedaban muy cerca del hotel. Este tipo de torres existen en casi todas las ciudades chinas y han sido utilizadas a lo largo de la historia para marcar las jornadas de los pueblos del Imperio Chino. En la actualidad son una atracción turística en la que cuatro veces al día realizan un espectáculo. Si coincide que estáis visitando la torre y van a hacer un espectáculo, no está de más verlo pero tampoco vale la pena perder tiempo esperando a que empiece para verlo.

Ambas torres proporcionan una vista general del centro de Pekín.

Después de visitar ambas Torres decidimos ir a ducharnos y salir a dar una vuelta por el Hutong donde se encontraba nuestro hotel, cambiándonos muy mucho nuestra impresión del mismo. El Hutong estaba lleno de tiendas, bares, sitios de comer,… encima al ser un barrio donde viven los locales, pudimos ver como realmente viven los chinos su día a día. Esto fue una de las mejores cosas de Beijing, el hecho de que cada vez que salíamos o entrábamos al hotel, paseábamos por el Hutong y veíamos la auténtica vida china.

Después de nuestro paseo y sobre las 20.00 decidimos irnos al hotel a dormir, ya que, al día siguiente íbamos a visitar la muralla china con los españoles que habíamos conocido en el Palacio de Verano.