Islandia día 10: Reikiavik- Península de Reykjanes

Islandia día 10: Reikiavik- Península de Reykjanes

Nos levantamos de nuevo en Rekiavik y nos fuimos hacia un edificio dedicado a exposiciones, que se llama Perlan, mide 25,7 metros de altura y está situado sobre la colina de Öskjuhlíð, desde donde hay unas vistas muy bonitas de toda la ciudad. De vuelta al centro de Reikiavik pasamos a comprar algunos souvenirs y nos fuimos hacia el puerto porque queríamos comer en alguno de los restaurantes de allí que habíamos estado leyendo. La primera idea era probar la ballena, pero luego nos dio muchísima pena, además después de ver un cartel con una que decía “no me comas”, así que abortamos misión.

Comimos en un restaurante que era genial. Tu elegías el pescado que querías en una nevera y ellos te lo cocinaban. La idea nos encantó porque podías elegir el trozo que querías exactamente y el pescado estaba buenísimo. También nos hicieron una sopa de gambas que para combatir el frío nos vino genial. Después de comer ya habíamos visto toda la ciudad y aun nos quedaban horas hasta que saliera nuestro avión.

Barajamos la posibilidad de ir a unas aguas termales, pero finalmente nos decantamos por ver la zona cerca del aeropuerto y ….menudo descubrimiento! eso si que da para un día entero.De haberlo sabido antes habríamos pasado todo el día es la península de Reykjanes. Hbaía volcanes, zonas geotermales, campos de lava, el puente entre dos continentes, … vamos que da para un día entero visitar esta península. A pesar de que teníamos poco tiempo, pudimos visitar  el puente entre dos continentes, la zona geotermal de Krisuvik, los campos de lava que atravesamos con el coche y algún volcán. Fue genial despedirse así de Islandia.

Nos despedimos de Islandia de la mejor manera posible:

No es la mejor foto, ni siquiera es una buena foto, pero estar en el aeropuerto, a punto de coger el vuelo de regreso a casa y que ella aparezca fue mágico. Cuando ya nos habíamos despedido el día anterior de las auroras y pensábamos que no la íbamos a volver a ver, salió y se despidió de nosotros con un hasta luego, porque tanto ella como nosotros estamos convencidos de que nos volveremos a ver.

Islandia es magia, es aventura, es naturaleza, son sensaciones únicas, es un lugar de primeras veces, es VIDA, con mayúsculas, es un país increíble, un lugar donde estás con la boca abierta todo el tiempo, un sitio donde te maravillas a cada paso que das. Islandia ha quedado marcado en nuestra vida viajera y en nuestros corazones. Pensaréis que somos unos exagerados, pero nada más lejos de la realidad. Quién haya estado nos entenderá perfectamente. Islandia…nos volveremos a ver. ¿Cuándo? No lo sabemos, puede que antes de lo que pensamos o puede que de aquí muchos años, pero nos volveremos a ver seguro porque hemos quedado prendados contigo.

Islandia día 9: Reikiavik

Islandia día 9: Reikiavik

Reikiavik es una ciudad bastante pequeña que con un día es más que suficiente para visitar. Incluso os diríamos que en medio día se puede visitar. Desayunamos en la casa en la que nos hospedábamos, en la calle principal de Reikiavik, Laugavegur Street. Primero visitamos el edificio de Harpa, el centro de conciertos y conferencias de Islandia y al lado se encuentra el Sólfarið (una escultura que se traduce por “viajero del sol” y que es una oda al sol). Luego callejeamos hasta el puerto y visitamos la famosa Iglesia de Hallgrimskirkja, también estuvimos en el Ayuntamiento donde hay un lago que en invierno se congela y la gente patina sobre hielo y andamos por la calle Laugavegur que es donde se encontraba el sitio donde nos hospedábamos. Como decimos, Reikiavik no tiene mucho que ver, así que lo mejor es que únicamente os reservéis medio día, uno a lo sumo.

 

Donde si que fuimos y no nos podíamos perder fue a comernos el que supuestamente es el perrito caliente más bueno de la ciudad, que es un puesto callejero cerca del puerto donde siempre hay cola. Su ubicación está en número 1 de la calle Tryggvagata y se llama Bæjarins Beztu Pylsur. El precio del perrito ronda los 2,5€ y la verdad es que están muy buenos. Es una buena opción para comer algo rápido y continuar visitando la ciudad.

Por la noche, cogimos el coche y nos fuimos a una hora y media de Reikiavik para poder disfrutar de la que pensábamos sería nuestra última aurora boreal, lo que no sabíamos era la sorpresa que nos aguardaba para el día siguiente en el aeropuerto.

Habíamos visto en el mapa de auroras que Reikiavik iba a estar nublando, así que nos dirigimos hacia el norte para poder verlas y este fue el resultado. Una aurora boreal increíble.

Islandia día 8: Península de Julio Verne

Islandia día 8: Península de Julio Verne

La península de Snæfellnes, también conocida como la península de Julio Verne por encontrarse en esta zona la entrada al centro de la Tierra que nos cuenta en su libro “Viaje al centro de la Tierra, se encuentra en la parte oeste de la  isla, arriba de Reikiavik. Lo curioso de todo esto es que Julio Verne nunca estuvo en Islandia, pero supo documentarse para conducir al profesor Otto Lidenbrook, a su sobrino Axel y al guía local Hans hasta el centro de la Tierra.

Esta parte de Isandia no pensábamos visitarla pero conocimos a unos chicos españoles que iban a ir y nos pareció que podía ser interesante. Lo buscamos por Internet el día de antes y allí que nos fuimos.

Esta península también posee volcanes y hasta un glaciar, el Snæfellsjökull, uno de los glaciares volcánicos considerado de los más bellos del planeta. Tiene una altura que ronda los 1450 metros y una caldera cónica coronada por tres picos. Este volcán se encuentra dormido y no se le conoce actividad desde el Siglo XIII.

En esta península visitamos  el Parque nacional Snæfellsjökull, y lo primero que vimos fue la cueva de lava Vatnshellir (se podría traducir como cueva del agua). La cueva es una gruta oculta creada por una erupción volcánica ocurrida hace miles de años. Se descubrió recientemente y se abrió al público en el año 2011. Su longitud es de 200 metros. Para bajar a esta cueva tienes que hacerlo con guía. Nosotros esperamos unos 30 minutos a que saliera un guía (suelen salir cada hora y no se necesita reserva) . La visita dura 45 minutos y el precio ronda los 8. La verdad es que es alucinante. La entrada a la cueva se encontraba tapada por la nieve y daba un poco de mal rollo. Luego dentro bajas por unas escaleras de caracol y el guía te va explicando curiosidades de la cueva. Es una experiencia muy bonita. Íbamos con casco y linternas y hubo un momento en que el guía nos pidió que las apagáramos y nos quedáramos todos en silencio. Qué sensación. Todo oscuro. A mi me llegó a dar mal rollo estar tan abajo del suelo y sin ver nada. jeje.

El suelo de la cueva está compuesto de lava petrificada por el paso del tiempo, resbaladiza e irregular. También hay estalactitas y estalagmitas formadas por la solidificación del magma. El guía nos contó que que cuando el magma fluyó a través de la gruta tras la erupción del volcán la temperatura de la cueva ascendió hasta 1300º centígrados y  el calor producido fue tan intenso que pudo durar unos 30 años.

Si visitáis esta zona de Islandia os recomendamos que hagáis esta visita. A nosotros nos gustó mucho.

Muy cerquita de la cueva se encuentra la playa de Djúpalónssandur,  una playa cubierta de piedras negras formadas por la fuerza del mar y del viento y continuando por la misma carretera llegaréis al volcán Saxhóll, que tiene un cráter que erupcionó hace más de 4000 años. Lo guay de este volcán es que se ve el cráter y te puedes hacer una idea de como es por dentro.

Dimos la vuelta a todo el parque y pusimos rumbo a Reikiavik pero disfrutando de las carreteras de esta parte del país, sus campos de lava, sus volcanes, sus montañas… una de las mejores cosas de Islandia es eso, disfrutar de las carreteras y de las vistas que ofrecen.

Llegamos a Reikiavik por la tarde, dejamos las maletas en la guesthouse donde íbamos a pasar las dos últimas noches de nuestro viaje, Von Guestouse, y nos fuimos a cazar la que podía ser la última aurora boreal. Nos tuvimos que alejar un poco de Reikiavik por las luces y porque el mapa de auroras nos marcaba nubes en la capital, así que cogimos el coche y nos fuimos a ver las luces de norte.

Islandia día 7: Akureyry, Hólar, Viðimyri, Borgarviky Y Hvitserkur

Islandia día 7: Akureyry, Hólar, Viðimyri, Borgarviky Y Hvitserkur

Nos despertamos en la guesthouse donde habíamos dormido y su dueña nos preparó un desayuno muy bueno. Después nos fuimos hacia Akureyri porque queríamos visitar la ciudad de día. Dicen que es la capital del norte, aunque no supera los 18.000 habitantes y además es ciudad de estudiantes. La ciudad es bastante normalita, estuvimos paseando por el centro, vimos la Iglesia Akureyrarkirkja y poco más. A Islandia no se va a ver ciudades, así que tampoco pasamos mucho tiempo allí.  Enseguida cogimos el coche y cogimos la carretera nº 82 y luego la nº 76 para ir por toda la costa hasta Hólar, un pueblecito con casas de turba que queríamos visitar. Hólar cuenta con apenas 90 habitantes y en el pasado fue el centro religioso, cultural y educativo, de la parte norte del país, por lo que cobra sentido que en la actualidad haya un centro universitario dedicado al estudio de la acuicultura, los caballos y el turismo rural.

En Hólar estuvimos una media hora, visitando el pequeño pueblo y la antigua granja de turba, que son unas casas muy bajitas que tienen hierba por encima. La puerta estaba abierta y entramos a visitarla por dentro. Dentro no había ni muebles ni habitaciones recreadas,así que lo bonito es verla por fuera.

Después de Hólar, cogimos la carretera 76 y nos dirigimos hacia Glambauer, una granja de cesped que se encuentra en el norte de Islandia y está formada por turba, madera y césped. Estuvimos haciéndonos fotos fuera de la granja porque estaba cerrado y no pudimos visitarlo por dentro pero realmente la gracia de estos sitios es verlos por fuera, las casitas bajitas con el cesped por encima…como si fuera de cuento.

De aquí nos fuimos  Borgarvirki, una formación de columnas de basalto situada a 177 m sobre el nivel del mar en el Norte de Islandia y que, según cuenta la leyenda, fue modificada por los vikingos para que utilizada como fortaleza militar. Las vistas desde aquí arriba son increíbles. Hacía muchísimo viento y por lo que hemos podido leer posteriormente, es bastante habitual en esta zona, además está elevado y eso hace que se note más.

Cerquita de aquí y por la carretera 711 se encuentra Ósar y Hvítserkur. En Hvítserkur os encontraréis con la roca con forma de troll que sale del mar. Es un lugar precioso y que da juego para hacer muchas fotos. Nos encantó. Realmente es una formación geológica formada por magma volcánico hace miles de años y que fue moldeada por el viento y el agua hasta convertirla en la figura que es hoy en día y que vista desde algunos ángulos, parece un rinoceronte bebiendo del mar. En este punto también podéis bajar a la playa de Ósar donde con suerte podréis ver focas. Muy bonito de ver.

Este día dormimos en Gauksmyri Lodge , un hotel situado a 10 minutos en coche del centro de la localidad de Hvammstang. Intentamos ver la aurora boreal pero el cielo estaba muy nublado y no se dejó ver. Una pena.

Islandia día 6: Husavik, Lago Myvatn, Cueva Grjotagja, Myvatn Nature Barths, Godafoss

Islandia día 6: Husavik, Lago Myvatn, Cueva Grjotagja, Myvatn Nature Barths, Godafoss

Ya era nuestro sexto día en Islandia y nos encontrábamos en el norte del país. Después de desayunar en el Guesthouse, pusimos rumbo a Husavik. Husavik es una ciudad del norte del país famosa porque los tours para el avistamiento de ballenas salen desde aquí. Nosotros no hicimos el tour porque nos comentaron que llevaban sin ver ballenas varios días y no compensaba el precio de la excursión. Aún así, fuimos a Husavik y visitamos la ciudad. Nos pareció muy bonita. Estaba completamente nevada y el día estaba muy soleado, así que las vistas eran preciosas.

Cuando ya nos disponíamos a irnos hacia el lago Myvatn, el coche nos jugó una mala pasada. Se quedó sin batería. Gracias a Dios que nos pasó en una gasolinera, al lado de un taller de coches y nos lo arreglaron bastante rápido sin tener que hacernos cargo de gasto alguno. En este aspecto, la compañía se portó genial. Alquilamos con Guide to Iceland y acabamos muy contentos.

Una vez nos arreglaron el coche, continuamos con el viaje. Primero paramos en el lago Myvatn. Estaba completamente nevado y apenas pudimos ver nada. Nos reencontramos allí con nuestras amigas valencianas, con las que estábamos compartiendo el viaje desde que las conocimos, y tomamos una cerveza en una granja en la que habían vacas y también era una cafetería. No recordamos el nombre pero se encuentra en la parte este del lago, muy cerquita del desvío que se coge para ir hacia la cueva Grjóagjá, la cual visitamos después de recuperar fuerzas.

La cueva Grjóagjá es curiosa porque contiene agua termal en su interior y fue escenario de Juego de Tronos (cuidado!! spoiler para los que no hayáis visto la primera temporada!  Esta cueva es el lugar donde John Nieve y la salvaje hacen el amor). También en esta zona se puede ver la grieta de la dorsal mesoatlantica.  Aunque hay carteles donde pone que el baño está prohibido, puesto que a partir de los años 80 y con motivo de la actividad geológica de la zona la temperatura subió hasta 50 grados, nosotros vimos a un local bañarse en ella con un frío que hacía fuera de 0 grados, pero es verdad que antes de ir habíamos leído que estaba totalmente prohibido y que podía causar problemas de salud. Así que si os hace mucha ilusión igual podéis probar bañaros, nosotros preferimos ir a los Myvatn nature baths, porque nos parecieron más cómodos al tener vestuario y estar preparados para ello. Es verdad que es más idílico bañarte en algún lugar que sea más natural, más “libre” por decirlo de alguna manera, pero creernos que con el frío que hace en Islandia en marzo, mejor que busquéis la comodidad y evitéis pasar frío así porque si.

Los precios de estos lagos cambian un poco de temporada alta a temporada baja. Cuando nosotros fuimos costaba 25€ por persona y 15€ si eras estudiante. Nosotros intentamos pasar por estudiantes y funcionó. Yo enseñé un carnet que llevaba la bandera de España pero que no tenía nada que ver con estudios y Raul enseñó un correo electrónico de un profesor de un master que estaba haciendo, y con eso pasamos por estudiantes y nos ahorramos 10€ cada uno.

La verdad es que los baños están genial. Podéis alquilar toalla. Nosotros llevábamos. Primero pasas a los vestuarios, donde tienes una taquilla, te cambias y te tienes que duchar antes de salir. El caminito del vestuario hasta el agua será de 5 metros, pero se hacen larguísimos cuando estás a -10 grados. Cuando llegas al agua es un alivio tremendo. El agua está a 30 grados. Imaginaros, estar a -10 grados fuera y dentro del agua 30 grados. Se nos hacía escarcha en las cejas y el pelo. Era una sensación rarísima pero muy chula a la vez. Que placer estar tan calentito cuando fuera hace tanto frío.  Estaríamos como una hora y media dentro del agua y acabamos muy arrugados. Después había que volver a hacer el paseíto para ir a los vestuarios.En los vestuarios tenéis varios secadores de pelo, lo que agradecimos mucho porque no quiero ni pensar lo que sería salir con la cabeza mojada a esa temperatura.

Los baños nos dejaron muy muy relajados y listos para ir hacia Akureyri, donde íbamos a pasar la siguiente noche, pero antes queríamos parar a ver Godafoss, la “cascada de los dioses” y una de las cascadas más espectaculares de Islandia. Nosotros la vimos casi al anochecer pero aun así nos pareció una pasada. Es enorme. Si volvemos a Islandia en otra época del año, no nos la perderemos porque debe ser de las más increíbles. Hay un puente cerca de la cascada que se puede pasar tanto en coche como andando para poder visitar la cascada desde ambos lados. Nosotros la visitamos muy rápido porque habíamos quedado para cenar en Akureyri con nuestras amigas, ya que era la última noche que las íbamos a ver porque a partir de este momento seguíamos rutas distintas. Pasamos con ellas cuatro días y la verdad es que lo pasamos genial. Cenamos en un sitio que se llamaba Akureyri Fish and Chips. Super bueno y super recomendable. Nos dijeron que había otro en Reikiavik pero no lo encontramos. El pescado era supe fresco y muy muy rico. Había más cosas además de fish and chips y todo lo que probamos nos encantó.

Esta noche dormimos en Guesthouse Uppsalir, una guesthouse que está a 17 km de Akureyri, en medio de la nada, genial para poder disfrutar de las auroras boreales. En este lugar también pudimos verla y encima desde la habitación. Teníamos una ventana enorme y podíamos estar tumbados en pijama y disfrutando del espectáculo. Para nosotros fue un momento super especial. Raul salió a hacer fotos pero yo me quedé calentita en la habitación sin parar de mirar al cielo.

Islandia día 5: Cañón Jökulsárgljúfur, Cascadas Detifoss y Selfoss, Volcán Krafla, Hverir, Myvatn

Islandia día 5: Cañón Jökulsárgljúfur, Cascadas Detifoss y Selfoss, Volcán Krafla, Hverir, Myvatn

Llegados a este punto del país y del viaje, la estampa cambió. Pasó a ser todo blanco, los paisajes estaba completamente nevados y la temperatura era más baja. Estábamos en el norte de Islandia. Amanecimos temprano y pusimos rumbo al cañón Jökulsárgjlúfur, donde se encuentras las cascadas Detifoss y Selfoss, había medio metro de nieve y teníamos que ir andando por sendas que habían abierto para que la gente pudiera pasar.

Las cascadas son impresionantes. Primero visitamos Detifoss y luego Selfoss, están muy cerquita la una de la otra. En Islandia hay incontables cascadas y la verdad es que no sabríamos por cual decantarnos. Cada una tiene algo. Estas dos eran enormes y nos gustaron mucho. Este día también nos salió un tiempo fantástico, y aunque pueda parecer que viajar con nieve es incómodo, si vas con el calzado y ropa adecuada, ni te enteras. Nos encantó ver Islandia así, nevada, tal y como es, pero también es cierto que nos gustaría volver en verano y hacer el mismo viaje para poder acceder a otros sitios y poder ver los paisajes al descubierto.

Después de las cascadas visitamos el área geotermal del volcán Krafla. Este volcán da nombre a toda la zona que se encuentra sobre una enorme caldera magmática todavía activa. El cráter del volcán recibe el nombre de Viti y estaba totalmente nevado. Se puede bordear por una senda pero la verdad es que el paisaje no cambiaba mucho desde cualquier punto de vista y la estampa era toda blanca. Esto sí que fue una pena, pero volveremos para poder ver el agua que hay dentro de la caldera del volcán. Hay muchísima actividad volcánica en esta zona por lo que parece obvio que el gobierno islandés haya colocado allí una central geotermal. Cuando estás llegando hay un río en la parte derecha del que sale humo y el olor a azufre en esta parte es exagerado.

Muy cerquita del volcán Krafla y sin dejar la carretera uno nos encontramos con el siguiente punto que visitamos, el campo geotermal de Hverir. Desde la misma carretera ya se aprecia el olor a azufre, lo que cobra sentido cuando llegas y ves pozas con lodo y agua hirviendo, enormes fumarolas de gases, porciones de terreno con un color amarillento indicativo de áreas sulfurosas, todo ello consecuencia de la actividad volcánica de la zona.

Después de esta visita pusimos rumbo a nuestra siguiente guesthouse, Guesthouse Brekka, totalmente recomendable.  A tan solo 30 km de Húsavík y en medio de la nada. Un lugar estratégico para poder ver auroras boreales. De camino pasamos cerca del lago Myvatn y bordeamos un trocito. Yendo hacia la guesthouse el coche nos llegó a marcar -22 grados, aunque cuando llegamos a la casa hacía mucho frío, no nos daba sensación de tanto. 

Cenamos allí una sopa calentita buenísima y cuando salimos ya se empezaba a ver la aurora boreal. Este día fue una pasada. La pudimos ver muy muy intensa y hacer unas fotos chulísimas. Antes de ir a Islandia nunca antes nos habíamos planteado la posibilidad de ver una aurora boreal, tampoco sabíamos exactamente en qué consistía. Si que sabíamos que era una luz verde que aparecía en el cielo pero no sabíamos el motivo. Pues bien, una aurora es un fenómeno atmosfércio producido por particulares solares que cuando entran en contacto con la atmósfera crean un baile de luces  de colores en el cielo, mayormente verde pero también pueden aparecer tonos rojizos o incluso morados. Es un espectáculo que no tiene desperdicio y que nos ha dejado con ganas de más. Lo malo de ir a Islandia en verano es que te pierdes este fenómeno y, creernos, es una de las cosas más bonitas e increíbles que hemos visto nunca. Es como magia. Ya estamos pensando en próximo destino para poder volver a ver las “northern lights” como se les conoce en ingles.

Nosotros mirábamos cada día el mapa de auroras para saber en qué lugares había posibilidad de verlas y en qué intensidad.